sábado, 30 de marzo de 2013

CAPÍTULO 3 ¡Ya está aquí!


                                                              Capítulo 3

EL MIEDO VUELVE A TORKIAM

La noche brillaba con una luz especial en los bosques Kiar. Apenas se escuchaban los ruidos de algunos animales tales como búhos, o grillos, pero sí se distinguía bien el sonido del crujir de ramas y hojas en medio de una hoguera.
Erin se hallaba contemplando una vision a través de las llamas. Estaba inmersa en la imagen y su rostro parecía preocupado, a pesar de la belleza inmácula, típica de los elfos, que éste reflejaba.

–No puedo creer que vaya a hacerlo. ¡Quiere dejarlos sin nada, destruirlo todo!
Justo cuando parecía que todo volvía a la normalidad.

Dos miembros masculinos de su clan contemplaban inquietos la misma visión.
Uno de ellos estaba sentado al lado de Erin, su nombre era Riot. Era corpulento, de cabello claro y largo hasta la espalda, trenzado desde la coronilla hasta abajo. Tenía los ojos verdes como esmeraldas y sostenía una copa plateada en su mano izquierda. Con la otra mano, sujetaba a Erin por el hombro con fuerza.
El otro elfo, Romak, estaba sentado justo en frente de ellos, al otro lado de la hoguera. Éste era algo menos esbelto, pero de igual altura que el anterior. Con el cabello castaño y a la altura de los hombros. Era de rasgos marcados y llevaba un zarcillo de plata en una de sus orejas.
Éste no dibujaba nada de preocupación en su cara, por el contrario, desprendía una sonrisa algo malévola y segura.

–No veo el problema aún, Erin. Seguramente es sólo un aviso, o esa arpía de Vermella quiere hacerse definitivamente con esa baratija,  –dijo irónicamente Romak.
–¡¡Shhh!!  –repuso Erin indignada ante la interrupción del elfo, –No tienes ni idea de lo que ésto significa ¿verdad?-.

Erin se puso en pie, tomó la copa de Riot y vertió su contenido encima de la hoguera. Ésta desapareció al momento, dejando pequeñas partículas brillantes por el aire, que el propio viento dispersó enseguida.

–¡Hay que ponerse en marcha! –dijo Erin.  –Al alba emprenderemos un viaje de aviso y protección a la aldea de Torkiam. ¡Hay que encontrar esa pulsera!.

 Tan sólo quedaban algunos puestos todavía por desmontar. Las fiestas habían acabado, las gentes iban recogiendo sus tiendas, los restos de las ventas, los toldos, las carpas. El centro de Torkiam era hoy un barullo de carretas amontonadas y gente cargando cosas encima de éstas. Troiik y Nortem ya habían terminado de cargar todo en su carreta, y después de buscar la manera de atar la carreta de la enorme y lustrosa calabaza a la parte de atrás, emprendieron su vuelta a casa.

–Antes de que me lo preguntes, Nortem  –comenzó a decir Troiik–, el cielo está bastante encapotado ésta mañana, parece que va a llover.
Nortem inclinó su cabeza hacia arriba, poniendo a prueba su tan bien desarrollado olfato.
–Parece que si, padre. Es más, me atrevería a decir que va a caer una buena.
El camino a casa se les hizo muy corto esta vez, Troiik intentó ir lo más rápido posible, y Nortem no parloteó mucho. Ambos estaban exhaustos. Al llegar a la casa, aparcaron a toda prisa la carreta en la parte de atrás, en un pequeño establo que tenían. Soltaron a los caballos y los metieron en sus cuadras correspondientes, dejándoles agua y comida en unos cubos. Después fueron vaciando la calabaza poco a poco, y tardaron un buen rato, colocando cada cosa en su sitio. Las frutas, los vegetales, la carne, el pan..y así hasta el ultimo producto. Dejaron la calabaza aparte, para trocearla en otro momento y dársela a los caballos como alimento. Por fin terminaron con las últimas tareas del día, y se dirigieron hacia la casa. La puerta estaba abierta.

–Espérame aqui, Nortem –dijo Troiik deteniendo a su hijo con una mano sobre el pecho de éste.
–¿Qué ocurre padre? –replicó Nortem intentando entrar.
–Tú hazme caso y quédate aquí un momento  –volvió a insistir su padre.
–No es necesario que espere fuera.
Una voz femenina y angelical sóno desde el interior de la casa.
–Deja pasar al chico, va a empezar a diluviar de un momento a otro.
–¡Erin!  –gritó asombrado Troiik–.
¿Qué estás haciendo aquí?

Troiik dió una palmadita en el hombro a Nortem, a modo de hacerle entender que pasara, y éste le siguió.
Erin les hizo un gesto para que cerraran la puerta, y cuando ésta estuvo cerrada, se levantó y corrió a dar un fuerte abrazo a Troiik. Duró un momento y Nortem pudo escuchar el suave susurro de algo que se decían en voz baja.

–¿Nortem? ¡vaya con el apuesto jovencito, cómo has crecido!
La risa de Erin sonaba como el canto de un ruiseñor enamorado, como una cascada de agua dulce. Su voz era tan bella...
Nortem se encontraba inmerso en el sonido de su voz, tratando de descifrar el porqué le parecía tan familiar.
–¡Nortem!, ¡Nortem, muchacho!, baja ya de la nube, tenemos invitados.
–Si, si, eh... ¡hola tía Erin!  –dijo el joven tratando de situarse de nuevo en la escena-, ¿Qué tal?

Erin era hermana de la difunta esposa de Troiik y madre de Nortem. Aunque ella y su clan tenían relación con los humanos de la villa, no se mezclaban tanto, y de hecho, hacía ya bastante tiempo que no hacían una visita, pues hasta ahora, todo había estado en calma. De repente, todo quedó en silencio, sólo se escuchaba el repiqueteo de la lluvia sobre las tejas de la casa. Llovía mucho. Muchísimo. Erin encendió la chimenea con sólo un chasquido de sus dedos y diciendo:

–¡Fuego!
–Erin, aquí no por favor, Nortem...
Troiik no estaba seguro de cuánta magia élfica había percibido Nortem hasta el momento y desde que era pequeño, y aún le resultaba algo poco natural de ver e incómodo a veces. Pero la elfa le ignoró y le hizo una mueca señalando al chico que se había sentado en el sillón, medio desparramado.
–No estoy dormido- dijo de repente Nortem–, ¿qué narices es eso que no puedo ver, y porqué no me contáis de una vez que está pasando aquí y a qué se debe tu visita, tía Erin?
Nortem se incorporó y buscó su bastón por el suelo, palpando con sus manos hasta que por fin lo encontró. Erin al ver de nuevo la situación de Nortem exclamó:

–¿Todavía?, ¿el chico es ciego?  –no estaba muy contenta mientras hablaba–.
Troiik, a mi hermana...
–¡ERIN!  –gritó enfurecido Troiik.
–A Martyam  –prosiguió Erin-, le hubiera gustado que...
–¡Ya basta!, tú ganas. Creo que en el fondo tienes razón, Nortem debe saber la verdad. Siento haberselo escondido todos éstos años, sólo intentaba protegerle–.
Troiik miró hacia abajo, mientras Erin se acercaba a él.
–Y lo has hecho fenomenal, eres un padre único. ¡El mejor de todos!, pero deberías haber hecho esto antes, eso es todo. Ahora ve a sentarte junto a Nortem, yo prepararé algo de té calentito y pondremos las cartas sobre la mesa, de la mejor manera posible.

–¡Sin magia!  –pidió Troiik.
–Sin magia  –contestó dulcemente Erin, y se dirigió a la cocina a preparar el té. Troiik fue a sentarse al lado de Nortem, el cual ya estaba tenso y con cara de muy pocos amigos.
–Hijo, escucha –comenzó a hablar Troiik.
–No quiero escuchar ninguna monserga, padre  –le interrumpió Nortem–, presiento que aquí hay gato encerrado y que no me va a gustar nada lo que voy a escuchar–.
Erin entró en el salón en ese momento, les sirvió a cada uno una taza de té. La tensión en el ambiente se podia cortar con un cuchillo.
–Bueno, bueno  –comenzó la elfa–, ¿por donde empezamos?
–¡Por el principio, por ejemplo!

Nortem estaba encendido, malhumorado, y muy, muy confuso. Erin se puso en pie, dejando ver su altura. Era bastante alta. Troiik era alto, pero solo la sacaba un par de centímetros.
–Mira muchacho  –empezó a balbucear la elfa, –esto no es fácil, pero asumo la responsabilidad de lo que pueda pasar y de cómo te lo puedas tomar.
Nortem se quedó blanco ante éstas palabras.

–Hay muchas cosas que te corresponden saber por herencia–.
Erin sonaba ahora algo menos nerviosa.
–¿Herencia? –preguntó Nortem algo confuso.
–Verás  –prosiguió Erin–, quizá te cueste entender todo lo que voy a contarte, pero he de decir, que todo es cierto, de principio a fin.
–¿Y bien? –preguntó Nortem, algo expectante ahora.
–Como bien sabrás, tienes sangre élfica muchacho. Eres medio humano, medio elfo–.
Erin le sonrió y le pasó un brazo por el hombro. Nortem suspiró intentando averiguar a donde iba a llegar aquella conversación que, hasta el momento, no le había aportado ninguna información nueva.
–Y también estarás al corriente de la profecía, y que pronto se cumplirá... continuó Erin. Nortem se pasó una mano por la cabeza, despeinandose aún más, y dijo:

–Más o menos. Como hace tanto tiempo que no pasa nada por aquí, incluso casi la había olvidado.
–¡No debes! –gritó Erin, haciendo sobresaltarse al pobre Nortem.
–No hace tanto tiempo que murió tu madre, y tampoco deberías dejar la profecía de lado, Nortem.
–No sé qué decir...- repuso el joven,
–De momento no tienes que hacer nada Nortem  –le consoló Erin.
–¿De momento?, osea que... ¿hay más?-.   Nortem se ponía ahora tenso.
–Para eso he venido  –contestó Erin.
–Hay mucho más que contar y no hay mucho tiempo. He venido a avisaros de algo que está a punto de acontecer.
–Pues no te dejes nada  –interrumpió Nortem,  –quiero oirlo todo.
Erin volvió a sentarse, ésta vez en frente de ellos, y comenzó con la historia.

–Todo se remonta a cientos de años atrás, Nortem. El pueblo de Torkiam lleva más de trescientos años dedicado a la agricultura, la ganadería y el comercio al por menor, de productos caseros. Por mucho tiempo, ha sido un lugar tranquilo, de gente agradable, trabajadora, humilde...
Eak había provisto cada detalle para que no nos faltara de nada, el grano, el clima, los animales, etc. Pero hubo un tiempo oscuro, en el que los habitantes se olvidaron de agradecer cada día a Eak por la provisión y el sustento que éste les ofrecía. El bien y el mal siempre han estado confrontados, y siempre lo estarán, así que de la noche a la mañana, las fuerzas del mal cobraron forma, y me gustaría decir “humana”, pero aún no hemos descubierto de que se trata.

–¿Se supone que estamos habando de Vermella, tía Erin?  –preguntó Nortem.
Erin le miró y mirando también a Troiik, que estaba atentamente escuchando la historia, prosiguió.
–Sí, Nortem. Es el “ser” supremo de las fuerzas del mal. Tiene todo un ejército a sus pies, y ahora a vuelto para hacerse un hueco definitivamente.
–¿Qué ha vuelto?- preguntó algo asustado Nortem. –¿Y qué es lo que quiere?, ¿Nos hará daño?  
Erin se quedó callada un momento y continuó explicando el motivo de su visita.

–Verás, Nortem. El pueblo de Torkiam no siempre ha sido manso, humilde y trabajador. Hubo un pequeño tiempo de necesidad, y les invadió la queja y el miedo, dando la espalda por completo a Eak. Éste envió a un gran clan de elfos y elfas, entre los que estábamos tu madre y yo, y...
Erin volvió a quedarse en silencio unos segundos.
–También tienes un tío, Nortem.- Nortem dejó caer la taza de té al suelo, con asombro y perplejidad.
–Se llama Romak. Es el pequeño, pero no le infravalores. Es muy astuto. Te encantará conocerle, pero en otro momento, si no te importa–. Nortem asintió, no podía hacer nada más, sus oídos no hacían más que recibir nueva información cada dos o tres minutos, así que decidió tomárselo con calma.
–Bien, pues  –continuó diciendo Erin–, Eak envió a éste clan, para proteger a Torkiam de lo que Vermella había sembrado en sus corazones. El pueblo de Torkiam contempló con recelo a los nuevos inquilinos, pero vieron enseguida que eran enviados por Eak, y no tardaron en aprender a cohexistir.
Aún así, siempre se han guardado las distancias, y mientras los humanos seguían viviendo en la villa, nosotros preferimos aguardar en los bosques Kiar. Bueno, todos, menos alguno... -dijo Erin sonriendo a Troiik, acordándose de la historia de su hermana y él–. En total somos unos doscientos, cada uno capacitados con dones y talentos sobrenaturales para uso del bien solamente. Somos como vuestros ángeles de la guarda.

–No suena tan mal  –replicó Nortem–. Si tenemos protectores, no puede ir tan mal la cosa, ¿no?
–No es exactamente así –dijo Erin–.
Hubo un pequeño incidente para el que no estábamos preparados. Tu madre y yo estábamos encargadas de proteger la zona del comercio del pueblo, y tu madre quiso ser una más entre los ciudadanos, para no levantar sospechas. Así que abrió un puesto de pan, y al poco conoció a tu padre–.
A Troiik se le escapó una media sonrisa nada más recordar el encuentro.

–Los dos trabajaban en el negocio del pan, así que decidieron juntar ambos puestos en uno. Al poco tiempo no pudieron esconder más su amor. Era obvio por todo el pueblo, y eran jóvenes, tenían más o menos tu edad, de hecho creo que un par de años menos que tú. El resto del clan intentamos impedir esa boda por encima de todo, pues traería consecuencias. Después de todo, Nortem, nosotros los elfos, somos inmortales, pero tu padre no lo es. A pesar de intentar convencerles, el amor pudo con la situación, así que pasamos a un segundo plan. Llevamos a tu padre a nuestra base, en los bosques Kiar, y le explicamos todo acerca de nuestra procedencia, valores, misión en este lugar. Todo. Tardó un tiempo en asimilarlo, pero se hizo enseguida a nuestra cultura, principios, leyendas y a ver el uso de la magia por aquí y por allá. Los elfos poseemos una serie de poderes que van unidos a nuestros dones y talentos, como ya he dicho antes, sólo para hacer el bien. Si hicieramos algo que va en contra de la buena voluntad de Eak, nos serían quitados. Yo, por ejemplo puedo crear un escudo de protección alrededor de los que están cerca, con lo que Vermella no puede atacarles.
Martyam, por otra parte, tenía poderes curativos. Tenía un don de sanidad para aquellos que sufrían discapacidades físicas y mentales.
Nortem se levantó de inmediato, algo sobresaltado, y dirigiendose a su padre, le confrontó:

–Eso no me lo habías contado. ¿Y por qué no hizo nada por salvarse a ella misma? Y yo...si ella aún viviese, podría haber sanado mis ojos, ¡ahora podría ver como cualquier otro!
Troiik le cogió del brazo para que se sentara y se calmara.
–Nortem, tu madre hizo todo lo que pudo pero... –en ese momento, Erin volvió a ponerse en pie y dirigiéndose con la mirada a Nortem, le dijo:
–Vermella conocía de un preciado regalo que Eak le había hecho a Martyam, para poder utilizar su don de sanidad. Una pulsera. Una joya humilde pero de inigualable valor, que aunque fabricada en bronce, para no llamar mucho la atención, tenía el deber de sanar a todo aquel que la llevaba puesta, curando así cualquier herida, pequeña o grande, defecto o discapacidad física. El problema fue, que cuando Vermella vino a Torkiam para atacar a la aldea, tu madre y yo salimos a su encuentro para proteger al pueblo, y antes de que yo pudiera crear mi escudo de protección sobre las dos, Vermella divisó la pulsera en el antebrazo de Martyam, y se lanzó sobre ella, dejándola tirada en el suelo, sin vida. Todo fue muy rápido, apenas pude reaccionar, pero cuando me agaché para levantar a tu madre del suelo, la pulsera ya no estaba en su brazo. Había desaparecido, Vermella se la había quitado.
Martyam yacía en el suelo, sin respiración ya, pero su vientre latía todavía con fuerza, asi que comprendí que no era demasiado tarde para salvarte, Nortem.
Anuncié deprisa a mis guerreros que apresaran a Vermella, y mientras ella forcejeaba con dos de mis hombres, con una caja roja en la mano, donde se supone guardaría la pulsera y se la llevaría consigo. Se le calleron ambas, la pulsera y la caja. Yo me quedé con la primera sin que ella se diera cuenta, y dejé la caja en el suelo. Rápidamente, uno de sus “hombres” la cogió y se la entregó de nuevo a Vermella, quien la hizo desaparecer con un conjuro, y al momento se marchó triunfante. No ha vuelto por aquí desde entonces. Pero la pulsera estaba en nuestro poder otra vez y ella no lo sabía.
Hice todo cuanto pude por salvarte, y con la ayuda de Eak, y de Riot, el elfo especializado en medicina natural, pudimos sacarte sano y salvo.
Nortem estaba con la cara llena de lágrimas, y con una mano, rascándose la nuca. Pensativo y confuso a la vez. Acababa de conocer la verdadera historia de su nacimiento, y de la muerte de su madre. Troiik tenía los ojos chispeantes.. Se puso también en pie, y sujetando las dos manos de Erin, que estaba traspuesta, la miró a los ojos y, casi sabiendo la respuesta, le preguntó:

–Erin, ¿qué fue de la pulsera?
La elfa estaba algo nerviosa pero no tardó en reaccionar y respondió:

–La escondí aquí, en tu casa, Troiik–. Antes de que su cuñado pudiera seguir hablando, ella prosiguió  -Cuando ví que no se podia hacer nada por Martyam, corrí a tu casa con el niño en brazos a ver si estabas bien. Tu dormías plácidamente en tu cama. Coloqué a Nortem en su cunita, y esperé a que te despertaras para contarte la trágica historia.
–Sí, de eso me acuerdo perfectamente... -afirmó Troiik, algo triste.
–Decidí esconder la pulsera en un lugar seguro en esa habitación, pues desprendía mucha paz, y estaba segura de que Vermella no sospecharía, puesto que no sabía siquiera que Martyam estaba casada.
–Erin  –volvió a decir Troiik, esta vez sujetándola por los hombros y a punto de sacudirla.
–¿Me estás diciendo que la pulsera, una pulsera con poderes curativos, que pertenecía a mi mujer, ha estado aquí escondida todos estos años, a sabiendas de que Nortem podía haber sido sanado, prácticamente desde que era un bebé?

Nortem estaba agotado, quería terminar de escuchar toda su historia, pero por otra parte no podía más con su alma. Llevaban todo el día hablando, ya casi se escondía el sol, y ni siquiera habían comido.

–No, Troiik. Hay un momento y lugar para todo. No podíamos exponer la pulsera así por así, pues ella la percibiría y volvería otra vez a buscarla.
–¡Dime dónde está la pulsera, Erin!
 –demandó Troiik.
–Antes deberíamos comer y descansar un poco. Hazme caso, te la mostraré mañana por la mañana y procederemos al cambio.
Nortem dió un salto y se puso en pie,
–¿De verdad me vas a curar mañana tía Erin? –Troiik parecía hacerle la misma pregunta con la mirada, así que Erin no tuvo más remedio que contestar a su ansioso cuñado y su agotado sobrino.
–Creo  –empezó Erin –que después de todo, ya ha llegado la hora de que puedas disfrutar del placer de poder ver, como todos nosotros. Sólo hay una pequeña cosa –Erin se silenció por un momento, y continuó:

–Al ser mitad humano, mitad elfo, no sabemos cómo se repondrá tu vista, es decir, si acabarás viendo como un humano, lo cual es una visión mucho más limitada que la nuestra, o tus ojos tendrán la capacidad ilimitada de la vision élfica.
–Si te digo la verdad, tía Erin  –repuso Nortem  –me es indiferente, no estoy en posición de elegir el grado visual de mis ojos. ¡Solo deseo ver!.

Troiik le pasó un brazo por el hombro a su hijo, y ya más relajados, aunque aún en estado de asombro, decidieron dejar ahí la conversación y dirigirse a la cocina a peparar algo de cena. El resto de la velada, sólo se limitaron a hablar de cosas más triviales, en un aire más tranquilo, y de vez en cuando soltaban alguna broma, acerca de cómo Nortem reaccionaba de pequeño ante cosas como la comida, sus juguetes, etc.
Esa noche, Troiik y Nortem se fueron a la cama enseguida. Troiik no podia dejar de pensar que aquella pulsera estaba escondida en algún recoveco de su dormitorio, entre el techo y el entablillado del suelo. Erin, por el contrario, se quedó despierta y velando por aquella casa.
Sentada en el tejado, la lluvia había cesado, pero el cielo aún continuaba cerrado y de un color aterrador.











































domingo, 24 de marzo de 2013

NOTICIAS SOBRE LA PRESENTACIÓN DE LA NOVELA

Cómo ya informamos anteriormente, la novela tuvo su presentación oficial el pasado Sábado 16 de Marzo en Burgos. Próximamente colgaremos fotos de la autora y la firma de libros, pero deciros que fue un éxito y que no debéis perderos "la pulsera de bronce" si aún no os habéis hecho con ella.

¡Seguimos en contacto!

miércoles, 20 de febrero de 2013

CAPÍTULO 2


                                                                             Capítulo 2

                                                               ¡QUÉ SIGA LA FIESTA!


A la mañana siguiente, después de que el día anterior hubiera sido un día duro de trabajo en la panadería, con ventas exitosas de todos los productos, Troiik y Nortem, que habían pasado la noche en una de las posadas de Torkiam para vigilar mejor el puesto, se levantaron de muy buen humor y con ganas de disfrutar de otro soleado día de primavera.

—He dormido genial, padre —exclamó Nortem bostezando. De hecho, creo que podría dormir unas horitas más... —bostezaba de nuevo y esta vez se inclinaba hacia la cama.
—De eso nada muchacho —repuso su padre— tenemos otro largo día por delante y hay que aprovecharlo al máximo.
—Pero... Hoy no es día de ventas, ¿no? —se quejó Nortem, intentando escabullirse.
—No, pero hoy es el día de las carreras de jabalíes, los concursos de pasteles... Apuesto a que Kyria ha preparado uno muy especial pensando en ti, Nortem—.
Las carcajadas de Troiik hicieron que Nortem se sonrojara de tal forma, que este no tuvo más remedio que sonreír tímidamente y tirarle la almohada a su padre para que se callara.

—Venga Nortem, no es para tanto. Hay cosas que son obvias, y me haría ilusión que en estos temas fueras asentando un poquito la cabeza. Además, dentro de seis meses cumplirás veinte años, una fecha muy bonita y una edad madura para ir pensando en ciertas responsabilidades, ¿no crees?— Troiik seguía sonriendo pero Nortem tenía cara de confusión y reflejaba un ápice de melancolía.
—En el fondo sé que tienes razón, —dijo Nortem asintiendo con la cabeza—, es sólo que, lo pienso en frío y... no sé hasta qué punto estoy enamorado de Kyria, o si tan siquiera lo estoy, o si tal vez es sólo la relación que tenemos como amigos desde hace tantos años. A veces me da la impresión de que sólo puedo quererla como a una hermana, y siempre llego a la conclusión de que, si pudiera verla, si pudiera ver sus ojos, su cabello, su rostro, cómo es ella en general... Supongo que eso ayudaría bastante.
—Hijo, en el amor no hay excusa que valga, y el amor no entiende de condiciones físicas, aparece y se queda, o simplemente no aparece.  Si a estas alturas no hay algo profundo e interno que te diga que morirías por esa muchacha, quizá entonces tengas razón y no es la persona adecuada para ti. De todos modos, guarda y cuida la amistad tan bonita que tienes con ella, quién sabe si algún día...—Troiik volvió a sonreír suspicazmente y le dio un golpe suave en el hombro a su hijo.
—Anda, bajemos a desayunar y  pongámonos en marcha, este año he estado entrenándome duro y quiero quedar en muy buena posición en la carrera de jabalíes—. 
Troiik llevaba más de cinco años compitiendo en esa carrera, y aunque nunca había resultado ser el ganador, su posición siempre había estado entre los seis primeros, llegando en una ocasión a ser el segundo.
La carrera consistía en intentar montar un jabalí y, sin caerse del animal, llegar hasta la meta, que se encontraba a la salida del pueblo. En total era como media milla de distancia, pero merecía la pena ver el esfuerzo de los jóvenes, y no tan jóvenes plebeyos y nobles, que se disputaban el primer puesto. Nadie llegaba ileso, siempre había rasguños, alguna que otra torcedura de tobillo, brechas y sobre todo, ropa llena de jirones y barro. Aún así, era un evento considerado de máxima diversión, y ningún hombre mayor de dieciséis años querría perdérselo. Nortem nunca había tenido la oportunidad de participar en esas carreras debido a su condición física, pero él mismo decía que no se le había perdido nada ahí, y a juzgar por su tono de voz, lo decía muy en serio.

—¡Nortem!, —gritó Troiik ya preparado y montado sobre el jabalí—, no te olvides de animar a tu padre. ¡Este año tenemos que ganar!—
Nortem se abrió paso entre la multitud como pudo, empujando torpemente con su bastón, hasta hacerse un sitio en la grada que protegía a la gente del camino que habían dejado libre para la carrera.

—¡Vamos padre!, ¡tú puedes!, ¡puedes hacerlo!—
El muchacho se estaba emocionando con la situación y la sonrisa que mostraba no cabía en su cara. Al otro lado de la grada, los participantes luchaban a lomos de las bestias por hacerse un sitio entre los primeros y llegar a la meta. Troiik no iba del todo mal, iba en cuarta posición. Estaba medio volcado hacia un lado, arrastrando una pierna, la cual llevaba ya llena de rasguños, y con las dos manos agarrando el cordel que llevaba el animal atado al cuello, para no caerse. Al doblar una de las calles, los que iban en segunda y tercera posición se empujaron entre sí, y cayeron al suelo, con lo que ambos quedaron descalificados. Troiik pasó a ocupar la segunda posición. Ya sólo le quedaba uno.
El primer corredor era nada más y nada menos que el padre de Kyria, su mejor amigo, Sumus. Con un silbido amigable, este se giró para ver quién era el que le llamaba, y al ver que era su viejo amigo Troiik, hizo un ademán de saludo con la mano, con lo que perdió el equilibrio y se cayó del animal, a tan sólo dos metros de la meta, dejando de este modo el primer puesto a Troiik.

—¡¡¡Hurra!!!—gritó emocionado Nortem al oír a la gente de alrededor pronunciar el nombre de su padre.
El padre de Kyria sonreía desde el suelo, algo avergonzado, mirando a su amigo Troiik.
—¡Bien hecho Troiik! —le estrechó la mano amigablemente, pues la amistad que les unía era ya de muchos años.
En ese momento sonaron las trompetas, y el mayor Triker bajó del palco consistorial para felicitar al ganador en persona.
—Pero... ¡qué ven mis ojos! —exclamó entusiasmado el mayor—. Troiik, ¡eres el ganador! ¡Enhorabuena!

Acto seguido, mientras continuaban las ovaciones y los aplausos, los mozos de las cuadras se llevaron a los jabalíes a los establos para dejar de nuevo las calles de Torkiam libres para el tránsito ciudadano.
—Troiik— dijo alegremente el mayor Triker—, te hago entrega de este honorable premio. ¡La calabaza Torkimiana!
Las ovaciones comenzaron de nuevo y resonaron más todavía al aparecer dos mozos más tirando de una carreta, la cual transportaba una enorme calabaza. Era de un naranja intenso, con una abertura en medio que dejaba ver la enorme cantidad de productos que contenía. Alimentos de todo tipo, desde frutas y vegetales hasta carnes, pan, hierbas, barriles de bebida, etc. todo ello para proveer al bueno de Troiik y a su hijo durante al menos seis meses.

—¡Padre!—gritó Nortem mientras llegaba hasta donde él estaba—. ¡Qué contento estoy por ti! ¡Madre mía qué de comida! ¡Y toda para nosotros!
—¿Has visto Nortem? —contestó su padre todo orgulloso y rascándose la cabeza pensando en la manera de guardar todo aquello en casa—, con toda esta comida no tendremos que preocuparnos hasta dentro de mucho tiempo—.

Volvieron a sonar las trompetas de nuevo, anunciando así el comienzo del concurso de pasteles. Esta vez sólo participaban las mujeres, aunque los hombres eran quienes probaban los pasteles y hacían de jurado. Troiik y Nortem taparon con una manta la calabaza, y la colocaron al lado de su puesto de pan, dispuestos a trasladarla a casa más tarde.
Mientras la música sonaba alegremente por todo el pueblo, Nortem, que estaba entusiasmado con la idea de poder ser este año parte del jurado, y así probar cada delicioso pastel allí expuesto, se paró en seco al percibir algo extraño.

—Padre— exclamó confuso, —¿cómo está el cielo ahora mismo?
Troiik se le quedó mirando, no sabiendo muy bien a qué se refería.
–Pues más allá del valle, tocando las colinas Macor, parece que se está oscureciendo, tiene un color así como grisáceo y se ve alguna que otra nube, pero el resto está limpio y de un azul claro intenso, como siempre para estas fechas.
—¿Te has fijado en que no se oye ni un simple pajarito? No sé, quizá con tanto ruido es difícil oír el ruido de los pájaros, pero es que hay algo que no me da buen presagio. Llámame loco—.
—Creo —dijo Troiik —que son invenciones tuyas, todo está tranquilo y en su total normalidad, excepto aquí dentro, en la aldea, debido a tanto alboroto festivo, pero no hay nada de que preocuparse.
Troiik se acercó al muchacho, le dio una suave palmada y dijo:

—Venga Nortem, el concurso está apunto de comenzar, si no nos damos prisa para cuando lleguemos sólo quedaran las migajas. Y por lo que he podido escuchar entre la gente, ¡este año la cosa promete!

Sin más dilaciones, se dirigieron hacia la pradera que quedaba justo a la entrada del pueblo, la pradera rojiza. Se llamaba así porque a pesar de ser una llanura cubierta de un verde y mullido musgo, estaba rodeada por una hilera de árboles de tronco largo y grueso y de hoja alargada de un color rojizo intenso, que daban un aire verdaderamente bonito a aquella espesura.
La espesura quedaba en dirección opuesta hacia su casa, y según se iban acercando, ya podían percibir el magnífico y apetecible olor a repostería casera proveniente de aquel concurso. Todo tipo de tortas y pasteles se hallaban allí expuestos.
La gente del pueblo había colocado una larga mesa, de unos quince metros de largo, adornada con manteles de seda y encaje blancos, y en los bordes y laterales colgaban unas pequeñas borlas de color azul claro que daban un fino y elegante contraste al blanco de la tela del mantel.
Sobre este se hallaban colocados, a cincuenta centímetros de distancia unas de otras, montones de pequeñas jarras de madera pulida, que hacían la vez de vasos para el agua, los licores o el vino, pequeñas cucharillas también de madera, y platos del mismo material, para que la gente pudiera, con toda comodidad, probar aquellos manjares. Y colocados uno al lado del otro, desde el principio hasta el final de la mesa, se exhibían allí los pasteles, las tartas, los bollos de azúcar, etc. dispuestos a ser engullidos por aquellas gentes que se amontonaban en colas alrededor de la mesa. Los primeros en degustar los pasteles eran el propio jurado, este año acompañado también de Nortem.

—Padre —dijo Nortem en voz baja a su padre, sujetándole del brazo—, me gustaría probar el que han hecho Kyria y su madre, ¿cuál es?—.
Troiik miró a su hijo y se echó a reír, dándole un suave puñetazo en el hombro. Nortem se ruborizó y rieron juntos. Troiik alargó la mano para coger un plato limpio, y alzando la vista por encima de los otros miembros del jurado divisó un pequeño pero hermoso pastel, aún sin empezar. Éste era de dos pisos, pero no muy alto. De cacao y manteca y recubierto de crema de leche y frambuesa. Justo encima tenía colocadas ordenadamente unas grosellas haciendo la forma de una flor. Toda una obra de arte. La mujer que estaba cortando los pasteles en porciones extendió la mano a Troiik para coger su plato y le sirvió un trozo.

–Aquí tienes hijo, que lo disfrutes.
Se echó de nuevo a reír, mostrando sus pocas arrugas al sonreír, pero éstas le daban un aire encantador y a la vez amigable.
Mientras Troiik se iba introduciendo entre la gente para poder hacer su labor de jurado, Nortem decidió sentarse en un tronco que había allí cerca, un poco apartado de la mesa y del jaleo de la gente, y donde se habían sentado también algunos niños a comer. En ese momento, Nortem se sobresaltó al oír un alto y agudo:

—¡Hola Nortem!
La cuchara se le cayó al suelo de hierba y sin querer parecer muy nervioso, Nortem buscó la cuchara en el suelo, palpando con la mano, y cuando la encontró se puso a limpiarla con la tela de su camisa gris. —Siento haberte asustado—, rió
tímidamente Kyria, que estaba allí de pie contemplándole—. ¿Puedo sentarme contigo? — preguntó aún más tímida.
—Por supuesto —repuso Nortem—. —El campo es de todos—.

Y estuvieron allí sentados un rato en silencio mientras Kyria jugaba con una pequeña ramita de roble que había cogido de entre el musgo, y Nortem seguía degustando su pastel sin hacer apenas ruido.
—Veo que te has decidido por uno bueno —le dijo Kyria mientras le daba un empujoncito.
—¿Qué? ¿cómo dices? —se le volvió a caer la cuchara al suelo pero esta vez fueron los dos a cogerla y sus manos se tocaron levemente. Se quedaron en silencio y Kyria continuó con la conversación para romper el hielo.

—Mi pastel, el que he hecho esta mañana con mi madre, es el que ahora te estás comiendo, y por lo que veo te encanta, —dijo Kyria sonriendo a la vez que le limpiaba con su pañuelo un poco de frambuesa que tenía en la mejilla.
—Ah, el pastel... Sí, bueno, en realidad me lo ha traído mi padre, le he pedido que me trajera uno al azar—. A Nortem no se le daban bien este tipo de conversaciones, se empezaba a poner cada vez más nervioso y su tez pálida le delataba al sonrojarse rápidamente. —Ya veo —dijo Kyria casi en un susurro,
pero todavía sonriendo—, Iré a ver si mi madre necesita mi ayuda—. Pero justo cuando iba a levantarse, Nortem tiró de su mano con dulzura y suplicó:

—¡no!, no te vayas, quédate a hacerme compañía un poco más por favor.
Nortem notó que la temperatura de la mano de Kyria aumentaba por momentos, y apretó su mano un poco más fuerte. Kyria se sonrojó por primera vez en toda la conversación, y se sentó de nuevo a su lado. Con un tono algo sarcástico le reprochó:
—¿Sabes?, a veces eres un poco raro—. Nortem dejó caer su mano suavemente a la vez que se disculpaba.
—Lo siento de veras, siento haber sonado tan grosero. Por supuesto que sabía que este era tu pastel, le había pedido a mi padre que me sirviera una porción de tu pastel, no una al azar como te dije antes, sino una del tuyo, exactamente del tuyo. Y me he venido aquí solo a sentarme, a degustarlo y... ya de paso sea dicho, a pensar en su dueña... Y...—se hizo un silencio.
—¿En serio?— Kyria no salía de su asombro. Era posiblemente la primera vez que escuchaba a Nortem sincerarse de aquel modo, y estaba empezando a tener escalofríos de la emoción. Iba a seguir hablando pero Nortem le tapó la boca con la mano, y mientras a Kyria se le salían los ojos de sus órbitas, este continuó:

—Mira Kyria, —dijo él, esta vez más tranquilo y sosegado, —que siento algo por ti es obvio. Que tú lo correspondes... pues no hay que estar muy ciego, dijo él sarcásticamente y, soltando una carcajada juguetona. Es sólo que yo no soy... es decir, a mí no se me da bien... bueno, lo cierto es que...
Kyria le retiró la mano bruscamente, y se puso roja de enfado:

—¡Cualquier chico, cualquier joven del pueblo daría lo que fuera por pasear conmigo, cogerme de la mano, e incluso robarme un beso! Y yo tengo que ir a fijarme en el que no sabe cómo hacer que una chica se sienta bien.
—Kyria, yo...— dijo cabizbajo Nortem.
—¡No!, ¡calla! Eres... eres... ¡un engreído!, eso es lo que eres. Aunque no puedas mirarte al espejo, tu padre te lo dirá, o las demás chicas del pueblo, de hecho, es lo que se comenta por todo el pueblo, así que sabes de sobra...
—¿Qué, Kyria?, ¿qué es lo que se comenta por todo el pueblo?

Esta vez fue Nortem quien levantó la voz algo molesto por las acusaciones de su amiga. Kyria bajó la cabeza un momento y avergonzada, prosiguió:
—Que eres el chico de veinte años más guapo de toda Torkiam, y que eres valiente porque te esfuerzas mucho cada día por vivir una vida diferente a la nuestra. Que eres un trabajador muy bueno y constante, que ayudas a tu padre en todo lo que te pide, que tienes un talento excepcional para la pintura, cosa que nos plantea a todos un gran misterio, dada tu incapacidad física. Que eres un estudiante prometedor...— Nortem volvió a taparle la boca a Kyria con la mano, y algo más calmado repuso sonriente:
—Así que, el chico de veinte años más guapo de Torkiam, ¿eh?, ¿sólo de veinte años?—

Kyria se soltó de nuevo, otra vez algo ofuscada, y mientras Nortem se echaba a reír de nuevo con esa carcajada suya tan propia, Kyria se puso en pie y le despidió con una reverencia cargada de ironía, para dar a entender que él era de la realeza y ella una simple plebeya (¡lástima que él no pueda ver esto! —pensó para sus adentros...).
Mientras Kyria se alejaba hacia la multitud, Nortem siguió riendo mientras recogía sus bártulos y se iba también. El concurso había
terminado y estaban a punto de anunciar a la ganadora.